por Jorge Luis Tercero Alvizo (@GiorgioDammit)
Como
en alguna obra perdida de Shakespeare, quien fuera un simple vagabundo para sus
compatriotas estadounidenses en realidad era un rey del rock en las lejanas
tierras sudafricanas; Buscando a Sugar man
(Searching for Sugar man, 2012) nos relata la historia de esta vida.
Este
documental, ganador del Óscar en la pasada entrega, intenta capturar un poco de
la multifacética aventura del legendario Sixto Rodríguez, ícono de la música de
los 70; un poeta de Detroit que logró ser mainstream y underground en una misma
vida.
La
ópera prima de Malik Bendjelloul es un curioso documental que se estructura
bajo la forma de un thriller de detectives, a la par que nos deleita con un
poco de buen rock old school. La película es la investigación que dos
testarudos sudafricanos realizaron en torno a su músico favorito, Sixto
Rodríguez. Este misterioso hombre (de ascendencia mexicana), que más de una vez
ha sido comparado con el buen Bob Dylan por la tesitura de sus voces, es un
rockero underground de antaño que nunca pudo triunfar en la industria
americana. Rodríguez se vio sentenciado a no conseguir la fama en su propia
tierra a pesar de haber logrado temas tan llegadores como “I Wonder”, “Inner
City Blues”, “Sugar man” (la obligadísima) o “Climb Up On My Music”, entre
otras. Sin embargo, entre todo el caos, la represión, el apartheid y los movimientos sociales de las lejanas tierras
sudafricanas de los 70 la voz de Rodríguez se convirtió en el símbolo de toda
una época.
De
tal modo, el documental de Bendjelloul revela este irónico contraste entre las
valoraciones de una misma obra musical y los brincos del destino caprichoso. Por
un lado, en Norteamérica, semillero de tantos músicos emblemáticos del género
como Elvis, Johnny Cash o el propio Bob Dylan, Sixto pasó de noche (quedó sepultado
bajo los anuncios luminosos de sus contemporáneos); mientras en la Sudáfrica
setentera, se alzó como una voz que unificó el sentir de una juventud. En el
documental seguimos la senda desdoblada de este controversial personaje, el
Rodríguez legendario y del de carne y hueso. Un hombre dividido entre dos
dimensiones: en su patria fue el vagabundo que ante su fracaso comercial se
perdió durante largos años, mientras que para los sudafricanos significó el
rockstar que nunca tuvieron, el sonido radical y seductor que llegó desde
Estados Unidos. Tantos rumores revolotearon en torno a él que incluso se le
llegó a considerar un místico del rock que se hubiera volado los sesos en algún
instante de frenesí, que se prendiera fuego sobre el escenario o que cumpliera
alguna cadena perpetua (como sacada de alguna rola de Johnny Cash) en alguna
cárcel del sur de los States.
Es
necesario ver este documental para recobrar este relato olvidado de la Historia
del Rock; para conocer al hombre sencillo que (a pesar de su gran talento)
jamás accedió a la fama por designios de la industria… y, también, para conocer
el secreto de aquel rey de la contracultura en Sudáfrica que lograra llenar
estadios masivos durante finales de los 90.
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